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HISTORIA:

LIÉBANA | ETNOGRAFÍA | ARQUITECTURA POPULAR

CABEZÓN DE LIEBANA | CAMALEÑO | CILLORIGO DE LIÉBANA | PESAGUERO | POTES | TRESVISO | VEGA DE LIÉBANA

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TRESVISO

-Tresviso se encuentra asentado en un rellano sobre el cauce del río Urdón y está delimitado por la Jorcá de la Panda y las Rullás, al norte; el Cueto, al sur; los invernales de Prías y la senda de Urdón, al este, y la sierra de la Mesa, al oeste. Se accede al pueblo desde el Desfiladero de la Hermida, por Urdón, a través de un camino impresionante, y desde el pueblo asturiano de Sotres, por los Picos de Europa.

La población pudo formarse por la repoblación del rey Alfonso I en el siglo VIII, pero la primera noticia documental es del año 942. En 1753 Tresviso aparece como villa y es de señorío. En la actualidad es uno de los siete ayuntamientos de la comarca lebaniega.

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EL TRAJE POPULAR

Ha sido en la indumentaria de vestir, donde más se ve la influencia de las cercanías de Tresviso con la vecina Asturias. En la actualidad, se ha perdido esa costumbre, pero ha sido, Gustavo Cotera, investigador y gran dibujante cántabro, quien ha recuperado para las generaciones futuras el traje que usaban los vecinos de Tresviso.

En la indumentaria masculina existe una referencia de final del siglo pasado cuando el alcalde del pueblo acudió al Palacio Real de Madrid invitado por el Rey Alfonso XII, vestido con chaqueta, montera, calzón y corizas. La montera era baja, de copa y con ala triangular de terciopelo dispuesta a un lado.

El traje femenino estaba compuesto de una camisa de lienzo gordo que se hilaba en los hogares del pueblo y que era, larga hasta media pierna y abierta hasta el pecho, cerrándose con botones de hilo. Las mangas eran anchas y se recogían al vuelo en un puño pequeño. La saya, llegaba al tobillo, de sayalete casero teñido de rodo, verde, naranja... cortada al hilo y muy replegada a la cintura y se vestía, sobre un refajo de sayal. En los bajos se adornaba con una tira de bayeta con remarques geométricos en terciopelo.

El corpiño, era de bayeta, pana o algodón, predominando los tonos amarillos o rojos, cerrándose delante con un cordón y ojal redondo y el dengüe, que es el elemento más peculiar del traje, estaba cruzado sobre el pecho y se ataba a la espalda con broches o cintas. Era normalmente de color negro y forrado de lienzo, cayendo en redondo hasta media espalda. Se bordaba con abalorios de cristal y azabache y en el borde, se cosían pequeñas bandas de terciopelo. También, el delantal, no faltaba en las prendas de vestir y podía ser redondo o rectangular, claro y adornado con trencillas de colores y bordados de cadeneta.

En la parte inferior, las medias eran de lana blanca o azules y el calzado la componían las albarcas y escarpines de sayal o las corizas.

El peinado era con raya al fondo, formando atrás un alto mono y con un panfleto bordado y calado con los picos cruzados bajo la nuca y atados arriba. Finalmente, el aderezo lo formaban cuentas de vidrio y pendientes largos.

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EL QUESO PICÓN DE TRESVISO

-El queso picón de Tresviso tiene la denominación de origen "Picón Bejes-Tresviso", al igual que el que tiene su origen en el pueblo de Bejes. Son los dos lugares de Liébana donde se elabora y posteriormente se madura en sus cuevas el famoso y delicioso producto.

Antiguamente la elaboración del queso picón de Tresviso la realizaban los pastores del pueblo, en la majada de El Redondal, situada en las Vegas de Andara, donde vivían desde el mes de junio hasta finales de septiembre en chozas o cabañas.

A principios de siglo vivían treinta familias en un total de dieciocho cabañas; éstas estaban formadas por dos rocas tapadas por una tercera y cerradas con piedra y cal, dejando sólo un hueco para la puerta. Cercana a la entrada se encontraban sobre el suelo las cadenas o larias donde se suspendía la caldera para cocer el suero; tambien, junto al fuego, estaban las tablas en que se colocaba el queso para secar, hasta que se llevaba a la bodega y, un jergón, al fondo, donde se dormía.

La elaboración del queso, propiamente dicha, comenzaba cuando se producía la mezcla de la leche ordeñada por la noche con la de la mañana. Para entonces ya se tenía preparado el cuaju, que era el estómago de un cabrito lleno de la última leche que mamó, y se colgaba al humo; de esta manera la leche impregnada de la diastasa que expele la membrana interna del estómago se cuajaba, formándose una pasta de sabor ácido; de esa pasta se cortaban trocitos que se disolvían en agua templada o suero.Transcurridas tres horas estaba lista la cuajada y era cuando se apartaba el suero, empleando una cuchara de madera o porcelana. La cuajada se desacía en trozos irregulares y con ese desuero rápido se obtenía el queso duro. Cuando se veía suero limpio en la parte superior se sacaba con el cucharón, después de poner sobre la cuajada un colador; en ocasiones vez se revolvía la cuajada y se continuaba sacando suero. Cuando salían gotas verdes se preparaba el arnio, que era de corteza de haya o de hoja de lata, colocándose sobre una tabla que se denominaba presugu, que iba dentro de una especie de tetera, la cocina con un saliente para verter el suero.

Seguidamente se acercaba a un recipiente o pozal, donde se cuajaba, echando cuajada con la cuchara en el interior del arnio. Todo este entramado se colocaba en los estantes de madera y se cubría con otra tabla o presugu. Se dejaba veinticuatro horas y en la parte de abajo se iba desarrollando el cardenillu. A la mañana se le daba vuelta y al día siguiente se comenzaba a proceder al salado, echando una capa de sal por la parte superior y frotando los bordes, regresando de nuevo el queso al molde. Al día siguiente, se salaba de nuevo el queso por la otra parte y se acababa el proceso de la salazón.

En éste estado al queso se le quitaba el arnio (operación que se denominaba desarnar) y se le dejaba reposar en los estantes durante varios días hasta notar que se encontraban secos y duros. Era el momento de llevarlos a la bodega o a la cueva. La bodega era de pequeñas dimensiones, orientada al norte. En la majada de El Redondal las cuevas o bodegas estaban formadas bajo las peñas y tenían en el interior una temperatura de 13º C y de 18º C en el exterior.

-Al poco tiempo de permanecer en la cueva queso se humedecía y comenzaba a aparecer una mucosidad que atravesaba los agujeros donde se respiraba el hongo que producía el verde llamado cardenillu.

El queso se hacía principalmente con leche de oveja y de cabra. La leche de oveja hacía el queso muy mantecoso y la de cabra le daba el gusto fuerte y picante. Finalmente el veteado verdoso que hacía que el queso acardinase se lo daba la leche de vaca. Cuenta la tradición que el rey Pelayo, despues de vencer en la batalla de Covadonga, fue obsequiado con un queso picón de Tresviso y era tan grande que necesitó un carro para poder transportarlo. Tanto supo agradecer el rey el presente que hizo nobles a los donantes.


EL QUESO DE TRESVISO EN LA ACTUALIDAD

A través de los años el queso de Tresviso ha ido adquiriendo merecida fama, al igual que el de Bejes, como lo demuestran los importantes premios obtenidos en certámenes nacionales e internacionales.

Cuando los vecinos de Tresviso bajaban a la villa de Potes para vender el queso en los famosos mercados de los lunes, realizaban la travesía por Urdón y para ello cargaban alrededor de diez kilos de su afamado producto en las alforjas de los caballos. Como se regresaba ya bastante tarde se dormía en La Hermida, en casa de Ceferino Campo, que disponía de tienda y de habitaciones, o en casa de Celestino Cotera, para regresar de nuevo a sus hogares a la mañana siguiente. Estamos hablando de los años treinta, cuando había en la villa lebaniega alrededor de ochenta vecinos y el kilo de queso se pagaba a cuatro o cinco pesetas. Eran indudablemente otros tiempos.

Para hacer un buen queso picón no existe una proporción adecuada de leche de vaca, oveja y cabra, que son los tres tipos de leche empleados para su elaboración; no obstante, es recomendable que no se supere el veinticinco por ciento del total a cuajar en la leche de cabra, ya que se notaría demasiado en el queso ese tipo de leche. Existe una proporción de diez litros de leche de vaca por cada queso, ocho litros si es de cabra y seis litros si es de oveja. La leche del ganado menor (cabra y oveja) se utiliza durante la temporada, entrando muy poco en la proporción de elaboración y se suele emplear desde el mes de marzo a los meses de julio y agosto.


EL VEJIGU PARA TRASLADAR LA LECHE

-Cuando los vecinos de Tresviso tenían que ir por malos caminos y sendas, hasta los invernales altos para ordeñar el ganado y poder transportar después la leche, para elaborar el famoso Queso Picón, este transporte, lo hacían de una manera peculiar y muy tradicional, por medio de un Vejigu.

Cuando se sacrificaba un cabrito, no sólo se aprovechaba la carne y, el cuaju que se necesitaba para fabricar el queso, sino que esa piel, la convertían los trevisanos en un recipiente singular para el transporte de la leche.

La elaboración comenzaba cuando se sacrificaba un lechal de pocos días decapitándolo y posteriormente, procediendo a desollarlo; para lo cual, solamente se abría la parte interior de una de sus patas traseras, con el fin de poder extraer la carne y sacar el pellejo, al revés.

Cuando se lograba el vaciado, se introducían cenizas en el pellejo y se dejaba durante unos días colgado, hasta que el proceso de putrefacción afectaba a la parte interior; era entonces, cuando se aprovechaba para sacar la ceniza y los restos de carne, lavando el "vejigu" con agua caliente. El cuello o "colluga" debía de quedar bien cerrado, atándolo con cuerdas y la pata que se abría, como boca del "vejigu".

El proceso continúa con el afeitado del pelo de la piel y para ello, las otras tres patas "pietinas" han quedado vacías de carne, sin tener necesidad de abrirlas. Ahora, es cuando se echa ceniza de haya por el exterior y se dejaba un mes envuelto en un saco. Después de pasar ese tiempo, se daba la vuelta a la piel y se dejaba el pelo al exterior afeitándose con sumo cuidado.

Ya, sólo quedaba inflar el "vejigu" y ponerlo a secar al sol o al humo y nuevamente, afeitar la superficie del pelo lavándolo bien y dando otra vuelta, dejando la parte afeitada hacia el interior y la exterior, que fue la parte interna del animal, expuesta al aire.

Este proceso, trasmitido a través de generaciones, ha servido para conservar una de las más bellas tradiciones de Tresviso.